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¿El mundo tiene futuro?

El mundo sin historia no es sólo tenebroso. Es aburrido a la vez que amorfo.

 Guerra Conceptual.

Yuri Byaliy, 14 de diciembre de 2012.

Publicado en el Nº 1 el 24 de octubre de 2012.

http://gazeta.eot.su/article/estliumirabudushchee

INTRODUCCIÓN:

Este es el primer artículo de la cátedra “Guerra Conceptual”. Su autor es Yuri Vulfovich Byaliy. Al ser el primer artículo, se hará una aclaración sobre qué es la guerra conceptual y en qué se diferencia de la guerra ideológica.

Después, el autor empieza a desarrollar el tema propiamente dicho: la guerra contra la historia. El autor del concepto del “Fin de la Historia” fue Francis Fukuyama. Yuri Vulfovich escribió sobre él muchas palabras críticas, dicho de una forma suave.

El mismo Yuri Vulfovich escribe honestamente que Fukuyama abandonó su idea del “Fin de la Historia“. Pero Byaliy dice que no va a cambiar su punto de vista sobre el tema. Pienso que esto es muy correcto. Un autor es un autor, pero el problema es el problema. Y el problema vive su propia vida, como si no perteneciese al autor, como si él no hubiese cambiado sus creencias más tarde. Pero el autor se ha elevado por encima de sí mismo, de hecho, digno de profundo respeto. Además, el autor escribió por lo menos una docena de libros que se han traducido al ruso.

Eugenio Smotritskiy

EoT Alemania

 ¿Tiene futuro el mundo?

El mundo sin historia no es sólo tenebroso. Es aburrido a la vez que amorfo.

No siempre es fácil trazar una línea de separación entre la guerra ideológica y la guerra conceptual.

El término “concepto” tiene demasiados significados. Durante décadas, en nuestro país se ha hablado sobre el poder conceptual, los predicadores que ejercen este poder y otros términos básicos de la conspiración, y por lo tanto una discusión seria sobre la guerra conceptual se vería enormemente dificultada.

Y, sin embargo, una discusión de este tipo es imprescindible. Pero es necesario comenzarla desde algo concreto, que es la cura principal contra los engaños y las mitificaciones.

Conceptual sprut

No sé qué traman los predicadores mitológicos conceptuales, que castigan despiadadamente por la revelación de sus secretos a todos, menos a los autores de obras populares, publicadas en ediciones de gran tirada. Pero estoy absolutamente seguro de que Francis Fukuyama publicó en 1989, en la revista americana National Interest el artículo “¿El Fin de la Historia?

( http://firgoa.usc.es/drupal/files/Francis%20Fukuyama%20-%20Fin%20de%20la%20historia%20y%20otros%20escritos.pdf )

Y, tres años más tarde la desarrolló, ya sin las interrogaciones en su título, en un libro de gran volumen: “El Fin de la Historia y el Último Hombre“. Y sé que el contenido del artículo de Fukuyama, así como su ‘promoción’ sin precedentes en todo el mundo, es una operación militar en toda regla. Y no es ideológico, sino que precisamente conceptual.

fukuyamaFUKUYAMA, Francis (1952). Filósofo, politólogo y sociólogo estadounidense. Profesor de la universidad George Mason en Fairfax desde 1996. Hijo de inmigrantes japoneses. Entre 1981 y 1982, trabajó en la Agencia de Planificación Política ante el Departamento de Estado, como especialista en políticas con oriente próximo, y más tarde, como subdirector de cuestiones militares y políticas de Europa.

La guerra ideológica opera con conceptos tales como:

Comunismo;

Liberalismo;

Conservadurismo;

Fascismo;

Y así sucesivamente.

La guerra conceptual se está librando en otro nivel. ¿En cuál exactamente?

Tanto el comunismo como el liberalismo, y el fascismo, y otros “ismos“, la lucha entre los cuales se llama guerra ideológica, no atenta contra la historia. Quieren dirigir la corriente de la historia en una u otra dirección.

La guerra conceptual no es una guerra por la dirección del desarrollo, en el cual hierve la energía histórica. Es una guerra contra la propia historia.

Fukuyama afirma sobre los ideólogos que luchan entre sí que “Estáis todos muertos. No sólo los nazis y los comunistas, sino también los ganadores de esta guerra: los liberales. Con la victoria de los liberales la historia terminó“. Una afirmación más que grave. Pero los fundamentos de Fukuyama están a nivel de los de un ideólogo común. Si, la URSS perdió, y ya no hay comunismo, pero antes de esto perdió el fascismo, y en ese momento, en los países donde ganó el liberalismo que podrían influir en el movimiento histórico, la historia se acabó. Éstos están en la post-historia. Por supuesto, todavía existe la periferia del mundo donde todavía hay conflictos y luchan las reliquias de lo “histórico“. Pero el mundo post-histórico los llevará al fin y al cabo a un “denominador común post-histórico“.

 

Así que, mientras los comunistas, los fascistas, etc. luchan por el derecho a subirse al caballo de la historia, se lleva a cabo una guerra ideológica. Pero cuando empieza la promoción de un científico mediocre, que declara que el caballo llamado “historia” ha muerto, ya hablamos de la guerra conceptual.

 

Este caballo desde luego, no murió. ¿Por qué iba a morir? Sólo que alguien necesita no exista. Y alguien quiere convencer a todos que de verdad la historia está ahí tirada, muerta. Y si usted no lo ve, si por alguna razón cree que todavía cabalga, entonces usted es un retrógrado que toma las convulsiones arcaicas, por el contenido real de la situación post-histórica actual.

 

Pero ¿por qué debemos suponer que el modesto trabajo de Fukuyama esta generado por la guerra conceptual, que, por definición pueden llevar no sólo los poderosos, si no que los más poderosos de este mundo? ¿Sólo porque el ensayo de Fukuyama ha tenido una promoción sin precedentes?

 

Por supuesto, esto no es suficiente. Fukuyama nunca ocultó el hecho de que fue alumno de Alexander Kojève (emigrante de Rusia, que se ha convertido en uno de los principales filósofos franceses). El mismo Kojève siempre hizo hincapié en que él desarrolla determinados aspectos de las enseñanzas del gran filósofo alemán Hegel. Y, tanto a los hegelianos como a los neo-hegelianos, de los que en el mundo hay a montones, les resulta importante entender qué aspectos de Hegel desarrollaba Kojève.

KojeveKOJÈVE, Alexander (Moscú, 1902 – París – 1968). Filósofo e idealista francés, representante del movimiento neo-hegeliano. Estudió en Alemania con Karl Jaspers. Profesor de la Sorbona desde 1933. Las lecciones sobre la “fenomenología del alma” en los años 30 tuvieron un papel clave en la divulgación de las ideas de Hegel en Francia y su comprensión en el sentido del existencialismo (sobre todo el concepto de dialéctica y del método, perteneciente únicamente a la esfera de la “existencia humana”); sus seguidores eran filósofos como Jean-Paul Sartre, Maurice Merleau-Ponty, Jean Hyppolite, Gaston Fessard, el sociólogo Raymond Aron, y otros.

 

Kojève reflexionaba sobre la idea que, de forma muy intermitente expresó Hegel, sobre la transición del espíritu histórico hacia la fase post-histórica, en la que el propio espíritu histórico se sustituye por un “Espíritu Nuevo“. ¿Y por qué desaparece el espíritu histórico? Porque ya desarrolló todo el potencial de la innovación histórica. Las novedades en el mundo se hacen imposibles. Todo lo nuevo ya se ha expresado. Y si es así, entonces es hora de empezar a catalogar.

Todas los pensamientos e ideas se convierten en células de un enorme catálogo. Subrayó de nuevo que mientras la novedad sea posible, su catalogación no tiene sentido. En cuanto colocas algo en su estante, aparece algo nuevo. Y tienes que empezar a hacer un nuevo estante y encajarla en esta enorme librería. Acabas, respiras hondo supervisando la obra y, ¡pum! Aparece otra novedad. No, no. Vamos a agotar primero todo el potencial de la novedad y sólo entonces comenzamos a catalogar.

Agotada la novedad empezamos a catalogar, ¿y después qué? Hegel nunca lo dice explícitamente, pero por algunos de los más o menos vagos fragmentos se puede reconstruir su pensamiento de la siguiente manera. El espíritu histórico murió, la catalogación se ha completado, y el Nuevo Espíritu comienza a jugar con los elementos del inventario según unas reglas de juego identificadas. La historia terminó. El Juego comenzó.

Sin embargo, podemos decir que el juego ha existido siempre. Y su expresión metafísica más profunda es el ajedrez. Lo cual, por supuesto, se puede reducir hasta finitas operaciones del juego: ya hay ordenadores que ganan a los grandes maestros. Pero para sus creadores, el ajedrez no se reducía a un juego procesal literal. Por el contrario expresaba una misteriosa profundidad del concepto de “juego“.

Permítanme que les recuerde al respecto la novela de los hermanos Strugatsky, “La ciudad condenada“(The Doomed City), donde el gran maestro juega con paradójicas reglas de juego. También se sabe que, aparte del bidimensional ajedrez, es posible un ajedrez en tres dimensiones, multidimensional, y Dios sabe qué más. A ellos juega el Espíritu Nuevo, que combina todos los elementos posibles y disfruta de que ya no habrá nuevos elementos.

Él no sólo juega (en este juego se están estudiando los secretos de los límites insospechados de las composiciones existentes entre estos elementos). Esto es precisamente lo que describió Herman Hesse en su novela “El juego de los abalorios“( http://ww2.educarchile.cl/UserFiles/P0001/File/articles-102399_Archivo.pdf ), describiendo a los grandes maestros de tales juegos. En cuanto a los Strugatsky, que adaptaron a Hesse para nuestros lectores curiosos de perfil técnico, interesados en las cuestiones humanitarias, pero que no tenían material para una investigación humanitaria profunda, ni el deseo de llevar a cabo este tipo de estudios. A continuación voy a ofrecer al lector un fragmento de “La ciudad condenada“:

El gran estratega fue más que un estratega. Un estratega gira siempre en torno a su estrategia. El Gran estratega niega cualquier marco. La estrategia era un elemento despreciable en su juego. (…) El Gran estratega se hizo tan grande precisamente porque entendía (y tal vez lo sabía desde su nacimiento): no gana aquél que juega respetando todas las reglas; gana aquél que sabe en qué momento decisivo renunciar a todas las reglas e imponer sus reglas al juego, desconocidas para el adversario, y cuándo es preciso renunciar también a ellas. ¿Quién dijo que tus propias figuras son menos peligrosas que las de tu adversario? ¡Tonterías! Tus figuras son mucho más peligrosas que las de tu adversario. ¿Quién dijo que al rey hay que protegerlo y sacar de las situaciones de amenaza de jaque? ¡Tonterías! No hay ningunos reyes que no puedan ser sustituidos por cualquier caballo o incluso por un peón. ¿Quién dijo, que un peón que llegó a la última horizontal del campo enemigo necesariamente se convierte en una figura? ¡Tonterías! A veces es mucho más útil dejarlo como peón, que se quede al borde del precipicio como lección a los demás peones (…)”.

Hermann_Hesse_2Hermann Karl Hesse (Calw, Baden-Wurtemberg, Imperio alemán, 2 de julio de 1877 – Montagnola, Cantón del Tesino, Suiza, 9 de agosto de 1962) fue un escritor, poeta, novelista y pintor alemán que recibió la nacionalidad suiza en mayo de 1924.

 

Entonces, ¿qué es exactamente lo que imponían Fukuyama y el sistema intelectual que se escondía tras él, en la que Kojève sólo es uno de los engranajes importantes? En rasgos generales, ellos sólo introducían la idea sobre el rol todopoderoso de la élite en el mundo post-histórico.

La élite existe siempre. Y siempre juega a todo tipo de juegos “finos”. Sobre todo porque en ello siempre han salido exitosos todo tipo de grupos de élite cerrados, servicios secretos de alto rango y representantes de los grupos aristocráticos. Preocupaba a estas comunidades sólo una cosa: juegas, juegas, y de repente oyes bajo tu ventana gritos. Una masa colosal de “plebeyos”: el pueblo, excitado por algún nuevo ideal, encendido por el fuego de una nueva idea se arroja sobre ti, y tienes que sacrificar parte de tu propia clase tan apreciada.

La otra parte de esta clase imita la sumisión a la voluntad de los plebeyos y de sus líderes y espera, hasta que el fuego se extinga. Después de esto pueden de nuevo pasar al Juego, confiando, en que ahora por fin ella tiene todo el poder. Pero no, se enciende otro fuego, y los nuevos plebeyos se manifiestan bajo las ventanas.

Surge el sueño aristocrático de apagar estos fuegos de una vez por todas. Lo mismo se puede decir sobre el sueño del Fin de la Historia. En este sentido el Fin de la Historia es equivalente a la imposibilidad del surgimiento de nuevos proyectos históricos, es equivalente a la incapacidad de algunas grandes masas humanas de empezar a arder con el fuego del amor hacia un nuevo ideal histórico. Es decir al ideal, que siendo nuevo, al mismo tiempo resulta ser íntimamente heredado de los ideales del pasado.

Desde este punto de vista miremos a la vida actual y preguntémonos: “¿Realmente la tesis de Fukuyama sobre el Fin de Historia y el comienzo de la post-historia y, después sobre el último hombre es tan inconsistente? ¿Qué grandes masas son capaces a encender el fuego hacia un nuevo ideal histórico? ¿Y cuál es este nuevo ideal histórico?”.

¿Puede encender este fuego la Europa real? Por supuesto, todo es posible. Pero hoy en día Europa está del todo privada del fuego histórico. Pequeños grupos europeos adoran a los valores tradicionales, pero entre este misterio del tradicionalismo y el fuego histórico no hay nada en común, como lo entendemos nosotros. Una considerable parte de la población europea es capaz de indignarse, si los capitalistas empiezan a quitarles sus conquistas sociales a los trabajadores. Pero esta indignación de nuevo está tremendamente lejos del fuego histórico que nosotros estudiamos.

En EE. UU. la situación no es mucho mejor. Allí hay restos de la pasión histórica sobre la “La Ciudad en la Colina” (documento del discurso del presidente Kennedy, referencias bíblicas). Pero estas son precisamente aquellas reliquias, sobre las que escribió Fukuyama. Pueden llevar un carácter conservador o fundamentalista-religioso, pero no tienen nada que ver con una nueva pasión histórica “recalentada”, que es necesaria para el avance de la Historia.

China es fría y pragmática, al igual que todo el sureste asiático. Una parte considerable de la población india tiene tensión religiosa, pero esta pasión no es histórica en el sentido en el que la estamos estudiando aquí.

Enumerando todo esto, por supuesto, topamos con el Islam. Aquí hay fuego histórico y a gran escala. Pero en él otra vez falta lo más importante: la novedad histórica. No hay voluntad real de avance de la historia.

De todas formas, precisamente la existencia del fuego del islam (y no se puede negar esto) ha llevado a que al principio del siglo XXI, Fukuyama renuncie a su concepto del Fin de Historia.

Pero nosotros, a diferencia de Fukuyama, no podemos cambiar el punto de vista, dependiendo de si al poder en América llegan los demócratas, que sueñan con el Fin de Historia, o los republicanos, que tienen otro entendimiento sobre el poder conceptual y sobre la guerra conceptual. Admitimos, que el Islam fundamentalista no proporciona un nuevo fuego histórico.

¿Pero dónde entonces puede surgir este fuego? ¿En Latinoamérica? Si, en este momento este continente, en muchos aspectos misterioso, está lleno de pasión y de todo tipo de búsquedas ideológicas. Pero de momento no está nada claro si es capaz de provocar un incendio ideológico en toda regla.

Por último, nos queda Rusia. No porque nosotros así lo queramos, sino basándonos en un mapa objetivo de “temperaturas históricas”. Si, el fuego rojo, con el que se prendió Rusia en el 1917 y el que ha salvado a la Historia lo han conseguido apagar en el transcurso de la así llamada “Perestroika”. Por cierto, en este sentido, la perestroika no sólo es una operación militar ideológica, sino también operación militar conceptual en toda regla.

¿Pero, han conseguido apagar este fuego para siempre? ¿No consiste realmente en aquello que estamos observando en Rusia en general y en particular, entre la juventud que ha creado “la esencia del tiempo”, una demostración del no agotamiento histórico precisamente en el continente ruso? ¿No llegará desde este continente una vez más la salvación de la Historia?

Esta pregunta no tiene una respuesta clara. ¿Y realmente la necesitamos ahora?

Pero el mundo sin historia no sólo es tenebroso. Es aburrido a la vez que amorfo. Precisamente esto entendía Hesse cuando anunciaba, que él se va del mundo del juego, porque quiere servir a la vida. Pero enseguida se ahogó. Pero esto responde al entendimiento de Hesse sobre el potencial de Historia. Porque también hay otros puntos de vista…

Para finalizar este artículo doy la palabra a Andréi Platónov, a un personaje de su obra “Hombre íntimo” se parece demasiado a Kojève y Fukuyama al mismo tiempo:

(…) Del tren blindado se bajó un oficial blanco, Leonid Mayevski. Él era joven e inteligente, antes de la guerra escribía poesía y estudiaba historia de la religión.

Se detuvo al lado del cuerpo de Afononin. Aquél estaba postrado como un hombre enorme, sucio y fuerte.

Mayevski estaba cansado de la guerra, no creía en la sociedad humana y una fuerza le arrastraba hacia las bibliotecas.

“¿Será que ellos tienen razón?”, se preguntó a si mismo y a los muertos. “No, nadie tiene razón: a la humanidad sólo le queda la soledad. Por los siglos, nos torturamos los unos a los otros, por lo que hay que retirarse y acabar con la historia.”

Hasta el fin de su último día Mayevski no entendió que es mucho mejor acabar consigo mismo, que con la historia.

Bien entrada la noche, el tren blindado, que transportaba marinos, llegó a la pequeña estación y empezó destrozar a los blancos en el frente. Casi toda la fuerza violenta e inconsciente de los marinos cayó en forma de cadáveres por encima de los ferroviarios muertos, pero de los blancos nadie escapó. Mayevski se disparó en el tren, y su desesperación era tan grande, que murió antes de su propio disparo.

Andrey PlatonovAndréi Platónov, en cirílico ruso: Андре́й Плато́нов, seudónimo de Andréi Platónovich Kliméntov (Vorónezh, 1 de septiembre de 1899 – 5 de enero de 1951) fue un escritor soviético, uno de los primeros que emergieron después de la Revolución rusa de 1917. A pesar de ser comunista, sus obras fueron prohibidas por su posición escéptica respecto a la colectivización. Sus obras más conocidas son las distopías Chevengur y El foso.

 

 

 

 

 

 

 

 

EoT-España                                        http://eoteurope.eu                                     Abril 2014

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